Todas las niñas cuando somos pequeñas deseamos enamorarnos de un príncipe, con su castillo y ciento de cosas más, pero la realidad es otra muy distinta...
Yo no pido a un príncipe ni mucho menos, pero si que él me haga sentir como una princesa...
Yo quiero a un chico que... me sorprenda, mime, me abrace, me susurre al oído que me quiere, que me demuestre lo que siente, que me quiera como el primer día, que seamos amigos, confidentes, que no me oculte las cosas, que tengamos cosas en común, que le guste bailar, leer, salir de paseo, ir al cine, quedar, salir con los amigos, me haga cenitas románticas, sea sincero, me consienta, sea romántico, que nos tumbemos en la cama y planeemos un futuro juntos, que sepa hacerme reír, me saque una sonrisa en mis peores momentos, que si estoy mal me llame y me diga: bebe, estoy aquí ábreme. Quiero a alguien que me diga lo guapa que estoy recién levantada, que me de calor en las noches de invierno, que tenga 1001 defectos, quiero que me sepa escuchar, que nos tiremos horas y horas hablando sin parar, que me sepa defender, que sepa lo que quiere, que le guste quedar en casa comiendo palomitas y viendo una buena película, que me regale flores por san valentín,.... y tantas cosas más, pero todo no se puede poder en bandeja de plata y tal señorito imperfecto debe de descubrirlo. Soy una tía complicada, pero me encanta.
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